Canis lupus signatus – LOBO IBERICO

No puedo escribir sobre el lobo sin que me venga a la cabeza la impresionante y comunicativa voz del gran maestro Félix Rodríguez de la Fuente, sin recordar aquellas carreras alocadas de la niñez para coger sitio en el sofá cuando sonaba la entrañable música de “El hombre y la Tierra” y sin sentir una enorme gratitud por despertar mi interés por todos los seres vivos y enseñarme a respetarlos, en definitiva, por hacerme amar la Naturaleza. Sirvan estas pocas palabras como homenaje hacia su persona.

Si alguien me preguntara cuál es mi animal favorito, no dudaría mucho en responder. El lobo, tan querido y a la vez tan odiado, la inteligencia personificada en el reino animal, el gran matador, pero también el leal compañero, el padre entregado… Para mi, sin lugar a dudas, la estrella de la fauna ibérica.

Descendiendo de un pueblo de la provincia de Zamora, ubicado en pleno corazón de la Sierra de la Culebra, muchas han sido las ocasiones de verlo en libertad, pero la mayor parte de ellas han sido avistamientos lejanos. A un animal tan desconfiado es difícil sorprenderlo. Las veces que he logrado divisarlo de cerca, a excepción de una, siempre han sido desde el coche.

Quiso la suerte, que durante el pasado mes de marzo se organizaran en Zamora unas magníficas jornadas sobre este animal, acompañadas de una interesantísima exposición itinerante montada por Carlos Sanz, principal responsable del Centro de Interpretación del Lobo Ibérico de Castilla y León, ubicado en Robledo (Zamora). Pueblo del interior de la Sierra de la Culebra y perteneciente a la comarca de Sanabria; sin lugar a dudas, tierra de lobos.

Y digo quiso la suerte, porque durante las mismas, además de ver la exposición, pude disfrutar de dos estupendas conferencias, una impartida por el propio Carlos Sanz y otra por Odile Rodríguez de la Fuente, hija del gran Félix. Ambas despertaron en mi el deseo de posponer lo menos posible una visita pendiente que ya venía demorándose una larga temporada. Y es que ser de Zamora y no conocer el Centro de Interpretación del Lobo…

Y por fin, aprovechando las vacaciones de semana santa, visité el Centro. Antes de que lo construyeran, ya había transitado por la zona innumerables veces, no en vano estuve viviendo en Puebla de Sanabria unos cuantos años. Así que todo lo que os pueda decir sobre lo bonito que fue ver los brezos en plena floración tiñendo de morado la sierra, como comprenderéis, no sería muy objetivo, lo llevo dentro, aun así insisto, es precioso. Sobre el Centro sin embargo sí me mojaré, estupendamente ubicado y bien construido, muy cuidado y organizado, las magníficas explicaciones de Carlos y su contacto con los lobos… Resumiendo, que el que lea esto tiene una visita pendiente de la que no se arrepentirá.

Y una vez en él, al poco tiempo de llegar y sin haber llegado siquiera a uno de los miradores, tener la oportunidad de ver un precioso lobo encima de una roca a escasos metros de distancia, ya confirmó en mi interior que iba a disfrutar de una magnífica tarde, como así fue. Además, con el pelaje de invierno, que para mi gusto luce más.

Reino: Animalia / Filo: Chordata / Subfilo: Vertebrata / Clase: Mammalia / Orden: Carnivora / Familia: Canidae.

Nombre científico: Canis lupus signatus Cabrera, 1907.

Esta subespecie del lobo es endémica de la península ibérica y se caracteriza por poseer unas manchas de color blanco en los belfos, llamadas bigoteras, por poseer en la parte frontal de las patas delanteras unas líneas negras u oscuras, por tener una marca oscura a lo largo de la cola y por tener otra en la cruz, llamada silla de montar. Estas manchas son las que le han dado el nombre de signatus, ya que en latín significa marcado.

El resto de la coloración es muy variable, habitualmente de color pardo, presentando algunos individuos tonos más oscuros y otros más rojizos. En los ejemplares jóvenes la coloración en invierno tiende a ser grisácea y más rojiza en verano tras la muda.

Teniendo en cuenta que los machos son de mayor tamaño que las hembras, estos pueden llegar a medir 120 cm. de longitud, tener una altura de 70 cm. y pesar más de 50 Kg., aunque lo normal es que las hembras no sobrepasen los 35 Kg.

En contraste con una cabeza grande, las orejas son triangulares y pequeñas. Destacan por su colorido amarillento almendrado los ojos, que están colocados oblicuamente. También el tamaño de la cabeza de las hembras es menor que la de los machos.

Como bien se sabe es un animal social que habitualmente vive en manadas, aunque pueden encontrarse ejemplares solitarios. Las manadas normalmente están formadas por una pareja reproductora y algunas de sus crías, no siendo muy numerosas.

En las manadas de lobos sólo se reproduce la pareja dominante, llamada alfa. El periodo de celo comienza en los meses de invierno, durando la gestación entre 60 y 65 días, tras los cuales la hembra pare alrededor de 4 crías. Nacen con los ojos cerrados pesando aproximadamente medio kilo. A las dos semanas ya los abren y la hembra que habrá pasado todo este tiempo sin separarse de ellos empieza a salir de la madriguera. Continúan siendo amamantados hasta el mes y medio o los dos meses, momento en que empiezan a ingerir alimento regurgitado por el resto de ejemplares de la manada.

Y sobre su alimentación, aunque bien sabido es que es un estricto carnívoro, también consume materia de origen vegetal como frutos silvestres.

Sciurus vulgaris – ARDILLA ROJA

Si la traviesa Campanilla amiga del mágico Peter Pan tuviera que tomar la forma de algún mamífero terrestre, no se me ocurre ninguno más indicado que este pequeño y entrañable diablillo. Y es que al igual que ella, corren, saltan, suben, bajan, incluso parece que vuelan, vamos, un terrible no parar, y si estás debajo de un pino, pues hasta te puede caer en la cabeza un trozo de piña o lo que hayan dejado de ella.

A pesar de todo, verlas tan esponjosas causa mucha ternura. Y si le añades ese aspecto algodonado, esa cola vivaracha, ese penacho de pelo que le sale junto a las orejas, ese corretear ondulado cuando están en el suelo… Unos soles, como nuestras entrañables amigas Chip y Chop, de aquellos dibujos animados de Disney que me amenizaron la infancia.

Muchas fueron las que vi durante mi etapa viviendo en Soria, y en libertad la verdad es que sólo recuerdo haberlas visto allí. Incluso en el parque de la ciudad, La Alameda de Cervantes, vulgarmente conocido como La Dehesa, había varias instaladas permanentemente, pero no de la manera que ahora os contaré.

No tenía pensado escribir esta entrada, pero un viaje a Soria de mi hija mayor Andrea, a quien le dedico esta entrada, ha desencadenado los acontecimientos. Ella no había vuelto por allí desde que nos trasladamos a vivir a Zamora y regresó muy contenta, exultante más bien diría yo. Mira que hay cosas interesantes y bonitas que ver en esta ciudad, pero lo que la había vuelto medio loca fue visitar el parque donde jugaba de niña, y ver que había un montón de ardillitas que te comían de la mano y a las que podías tocar sin temor. Se ve que durante todos estos años se han ido sociabilizando con el contacto humano y la comida fácil.

Como podréis comprender, fotos y vídeos que me trajo, y no me queda otra. El blog lo subtitulo animales y plantas que me voy encontrando, pero quién le puede negar algo a un hijo, máxime cuando es relacionado con esta afición por los animalillos. Concluyendo, el resultado es que la nueva entrada indirectamente la ha elegido ella, y yo contento. ¡A todos nos gusta que sigan nuestros pasos!

Nombre científico: Sciurus vulgaris Linnaeus, 1758 – ARDILLA ROJA

Reino: Animalia / Filo: Chordata / Subfilo: Vertebrata / Infrafilo: Gnathostom / Clase: Mammalia / Orden: Rodentia / Suborden: Sciurognathi / Superfamilia: Sciuroidea / Familia: Sciuridae / Subfamilia: Sciurinae.

Incluyendo su larga cola miden menos de 50 cm. y pueden llegar a pesar medio kilo. El pelaje en el dorso es rojizo pardusco o negruzco y blanco en la parte del vientre. Durante el invierno presentan junto a las orejas unos largos penachos. No hay diferencia entre machos y hembras, y los jóvenes sólo se reconocen por tener la cola menos tupida.

Es un animal plantígrado (que apoya en el suelo las plantas de las manos y los pies al caminar), que presenta cuadro dedos en las extremidades superiores y cinco en las inferiores, todos provistos de unas largas uñas curvas. Las traseras son bastante más largas que las delanteras.

Alcanzan la madurez sexual al año de edad, durando la gestación entre 36 y 42 días, tras los cuales suelen tener de 3 a 5 crías. Estas permanecen en el nido un mes y medio, independizándose a las nueve semanas de vida. Las hembras adultas tienen dos camadas al año, la primera en la primavera y la segunda en el verano, mientras que las hembras primerizas sólo tienen una. El cortejo sexual es muy simple, limitándose los machos a perseguir a las hembras en celo hasta que se produce el apareamiento, el cual es realizado por los más dominantes, desentendiéndose de toda actividad relacionada con la crianza tras la cópula.

Se alimenta de todo tipo de frutos y semillas, sintiendo predilección por los piñones, consumiendo también brotes de ramas, hongos, larvas de insectos y caracoles, y en épocas de escasez de alimentos, recurren a huevos, polluelos e incluso insectos.

De costumbres solitarias y diurnas, activo durante todo el año, disminuye la actividad hacia el mediodía para descansar en nidos redondeados que construye en las copas de los árboles o aprovechando los huecos de los troncos. De todos es bien conocida su actividad previsora, recolectando y guardando alimento para épocas de escasez.

Está presente en todo tipo de arbolado en la mitad superior norte de la península ibérica, encontrándose en la franja mediterránea más restringido su hábitat a zonas de pinares, siempre por debajo de los 2.000 metros de altitud.

Contamos con cuatro subespecies dependiendo de su zona de distribución: alpinus, numantius, infuscatus y segurae. Esta de la fotografía tiene que ser numantina sí o sí.

Erinaceus europaeus Linnaeus, 1758 – ERIZO COMUN

Hace unas noches mientras paseábamos por el parque, mi perro Kuma estaba más nervioso de lo normal. No paraba de seguir rastros y olores por el suelo como si estuviera buscando algo. Tiraba para un lado, tiraba para otro, vamos, que no paraba quieto. Al final me llevó hasta un árbol y junto al tronco estaba el motivo. Un bonito erizo comiendo una babosa. El tío no se daba mucho por aludido a pesar de que Kuma no paraba de olisquearlo. Sí se encorvó un poco sobre ella, pero no hizo ademán de cerrarse como suelen hacer. Así que saqué el móvil para hacerle unas fotos, pero entre que no se estiraba y el perro no paraba quieto, decidí subirlo a casa y de paso coger la cámara de fotos.

Dicho y hecho, a toda velocidad vuelvo a bajar y voy para el mismo sitio. Nada, que allí no estaba. Empiezo a mirar por los alrededores, cuando a unos 50 metros al fondo del parque lo veo corriendo hacia unas zarzas. Pero cuando digo corriendo, es que el animalico corría que se las pelaba. No tenía ni idea de que estos bichejos fueran tan rápidos. ¡Cómo me la jugó! En un visto y no visto buscó la protección de la vegetación y allí desapareció de mi vista.

Al no ser las fotografías muy buenas, a la noche siguiente a la misma hora, al mismo sitio que vuelvo y a dar vueltas por allí a la espera. Debe ser que tiene unos horarios muy estrictos porque no tuve que esperar mucho y al rato saliendo de las zarzas que aparece. Iba muy entretenido olisqueando hacia ambos lados a la vez que avanzaba. Así que poco a poco me fui acercando hasta que me vio y se paró. Por suerte no se cerró y me dejó hacerle unas cuantas fotografías.

Que había erizos por el parque ya lo sabíamos desde hace unos cuantos años. Incluso había comentado con mi vecina Erun que su marido y compañero mío, Juanma, a quien le dedico in memorian esta entrada, había hecho años atrás unas fotos de unas crías, que también su perro Rufo descubrió. Así que se las he pedido para hacer un pequeño montajillo en la fotografía.

Lo que no acabo de entender y me parece preocupante, es qué hace una especie que tenía que estar hibernando campando tan alegremente como si fuera primavera. ¿Cambio climático? O simplemente ha aprovechado unos días de buenas temperaturas en mitad del invierno. Esperemos que sea lo segundo, aunque no es normal en pleno mes de enero tener mínimas próximas a los 10º C.

Pincha aquí para ver un vídeo sobre él.

Los erizos pueden llegar a pesar algo mas de 1 Kg. y medir hasta 30 cm. de longitud, aunque las hembras suelen ser más pequeñas. Presentan su zona dorsal recubierta de espinas de hasta 2’5 cm. de longitud y 1 mm. de ancho, a excepción del rostro. El pelaje del vientre es cerdoso, de color pardo. No tienen cuello, las orejas son muy pequeñas y redondeadas y los ojos son oscuros y pequeños. Ambos sexos son parecidos ya que los testículos están dentro del abdomen, diferenciándose en que los machos tienen el pene bastante adelantado y las hembras tienen cinco pares de mamas y la vagina se localiza cerca del ano.

La época reproductora comienza en la primavera, durando la gestación dura unos 35 días. Paren alrededor de seis crías que pesan como máximo unos 25 gramos, ciegas y desnudas, surgiendo al poco las púas, que al principio son blandas y blancas. A las dos semanas abren los ojos y a la tercera comienzan a salir fuera del nido acompañando a la madre. La lactancia dura un mes o mes y medio, tras la cual se independizan, alcanzando la madurez sexual al año. Suelen tener una sola camada por temporada.

Se alimenta de todo tipo de invertebrados (insectos, lombrices de tierra, babosas, caracoles…), huevos, pollos de aves, crías de roedores y carroña.

Son animales solitarios. No son muy agresivos, aunque los machos pueden pelearse para establecer estatus de dominancia. Son predominantemente nocturnos e hibernan en nidos que construyen desde noviembre o diciembre hasta marzo. El resto del año se refugian entre la vegetación espesa, cambiando frecuentemente de lugar.